miércoles, 8 de mayo de 2013

Viendo la Multitud....


Hace unos dos meses ya, comencé a leer el Sermón del monte. El plan principal era memorizarlo. El asunto resultó mas fàcil de lo que yo mismo pensé  De entrada "Las bienaventuranzas". Llevaba toda mi vida escuchándolas y memorizarlas me iba a ser muy útil  Mi dilema era si quería memorizar los dos versículos anteriores: 



Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos.

Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:
Mateo 5

Obviamente no sabia los planes que Dios tenia conmigo y este pasaje. A medida que lo memorizaba, muchas cosas pasaron por mi mente, algunas nuevas, algún que otro viejo consejo de mis mentores y maestros y después muchos, pero muchos malos ejemplos de como no obedecer esos dos versículos de Jesús


Me di cuenta de que vivo en un mundo donde la gente adora la multitud. La gente ama el dirigir o el ser parte de la multitud dirigida. El montón parece ser la norma. Me di cuenta de que si no me cuido, yo mismo como líder juvenil, podría estar al borde de caer en el profundo y peligroso abismo de amar las multitudes. 

Jesús, al ver la multitud, se aparto a enseñar a sus discípulos  Mi mentor siempre me enseñó: "La prueba de un ministerio exitoso, son las vidas transformadas". Pareciera que hoy en día  la prueba de un ministerio exitoso es que tenga miles de personas; mientras que en la gran mayoría de las veces, no se esta haciendo discípulos. Las vidas de las personas no están  siendo transformadas.  


Me di cuenta de que en esta ocasión (Mt 5:1 y 2) Jesús enseñaba abriendo su boca. Dándome a entender que en otras ocasiones, sus enseñanzas eran hechas como ejemplos y no solamente teoría  Me di cuenta de que la gran mayoría de los lideres de nuestra sociedad, creen que por predicar en un púlpito por 45 minutos a una hora, un día a la semana, están haciendo discípulos  Me di cuenta que enseñar requiere los dos actos, abrir mi boca para enseñar, y accionar para modelar el ejemplo a seguir. 

En esta semana, Recuérdate  no importa cuantas personas te estén siguiendo y como quieren escucharte, sino, cuantos son tus discípulos y como los estas enseñando con tu ejemplo. 

Enseñemos a la imagen de Cristo. 

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